Sociedad
Una tarde en la Escuelita Tecnológica de Verano de la Tecnoteca
Nos sumergimos en esta experiencia y contamos en primera persona cuáles son las actividades que se desarrollan y por qué les gusta tanto a los chicos de la ciudad.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
¿Por qué es un éxito la Escuelita Tecnológica de Verano en la Tecnoteca? Nos hicimos esa pregunta y fuimos a compartir una tarde junto a los chicos, profes y padres.
A las 17.15 del pasado lunes, ni los 38 grados que marcaba la tarde sanfrancisqueña pudieron frenar a la ola de papás con sus hijos que coparon el segundo turno de la Escuelita Tecnológica en la Tecnoteca. El hall parecía un hormiguero lleno de gente que rápidamente colmó el auditorio de este espacio ubicado en el Centro Cívico de la ciudad.
Muy puntuales, a las 17:30, el director general de la Secretaría de Innovación del municipio, Juan Pablo Bono, y la secretaria de Asuntos Universitarios de la Facultad Regional San Francisco de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Micaela Sanmartino, dieron la bienvenida a los niños y adultos y explicaron brevemente cómo se desarrollarían las actividades durante toda la semana.
En ese breve encuentro surgieron palabras como robótica, química, impresión 3D, diseño, realidad virtual y experimentos. Mientras los más grandes miraban con asombro, los más chicos se mostraban ansiosos en sus sillas por saber qué grupo les tocaría y cuándo comenzaría la aventura.
Bono y Sanmartino cedieron el mando al grupo de coordinadores, integrado por alumnos avanzados de diferentes carreras de la UTN, quienes son el verdadero “alma mater” del proyecto. Ellos no solo cuentan con los conocimientos para explicar conceptos clave en sus áreas de estudio, sino que además tienen la predisposición y sensibilidad necesarias para atender las demandas de los pequeños, manteniendo el orden y la disciplina en un ambiente agradable y distendido.
Los chicos fueron divididos en cuatro grupos, identificados con diferentes colores, y llegó el momento de despedir a los papás. En ese instante comenzaba la acción en la Tecnoteca. En cada una de las estaciones, los coordinadores esperaban a sus nuevos cómplices de juegos y saberes.
A pocos metros del auditorio, unas alfombras lisas sobre el suelo marcaban el territorio de la estación de robótica. Allí, los estudiantes universitarios Catalina Cavallo, Yair Bertorello y Fredy Ángeles mostraban cómo funcionaban unos simpáticos robots amarillos y, con unas tarjetas, explicaron en un lenguaje sencillo los principios de las leyes generales de la robótica. Luego, invitaron a los chicos a armar bases con juegos de encastres, dándoles algunas consignas.
Los niños rápidamente se sumaron a la propuesta y comenzaron a unir los diferentes bloques. La mayoría contó que nunca había tenido esta materia en la escuela y que les entusiasmaba la idea de crear su propio robot.
—Espero que al final del viernes pueda armar el mío y hacerlo andar como vi en el celular —contó Enzo, de tan solo 8 años, quien luego agregó que cuando sea grande le gustaría trabajar en una fábrica de robots.
La siguiente estación era la de diseño e impresión 3D. Los “profes” Matías Fantini y Tomás Lobos dividieron a los chicos entre las diferentes computadoras de la Tecnoteca y les abrieron un programa de diseño. Mientras explicaban su funcionamiento, cada niño experimentaba en simultáneo lo que iba aprendiendo. Al final, Mati y Tomi los invitaron a dibujar su propio diseño, incentivándolos a usar su imaginación y enfocarse en sus gustos personales.
Álvaro, de 10 años, estaba sentado solo frente a una máquina y su imaginación parecía en blanco, al igual que la página de diseño digital.
—No sé qué hacer, no se me ocurre nada —confesó cuando esta periodista se acercó para hablar con él—. Mirá, hago unas cosas, pero no sé qué son —repetía con cierta frustración.
Ante esta situación, Tomi se acercó y rápidamente le preguntó sobre sus intereses. En el breve diálogo, Álvaro contó que su deporte preferido era el básquet, por lo que su profe le dio las indicaciones para diseñar en 3D una cancha.
Me alejé dejándolos trabajar y vi cómo iban agregando elementos al diseño. También me aseguré de observar, para contarlo después, cómo Álvaro cambiaba sus gestos de enojo y frustración por una gran sonrisa a medida que su cancha iba tomando forma con los aros y las líneas de marcación.
El aire acondicionado del Planetario jugó una mala pasada en esa calurosa tarde de enero. Por lo tanto, las coordinadoras Camila Garnica, Paulina Bartolomeo y Kamil Maggi solo pasaron un breve video y decidieron llevar a los chicos a un espacio más fresco.
La gigantesca pantalla del auditorio se convirtió en la aliada ideal para armar uno de los momentos más divertidos de la tarde. Un juego que invitaba a bailar y seguir coreografías con personajes animados y música pegadiza logró que todos se pusieran en movimiento, sacando a relucir esos “pasos prohibidos” tanto de profes como de alumnos.
Bajando las escaleras, en la planta baja, se encontraba la estación de química. Esa tarde, los estudiantes Nicasio Guerra y Nicolás Baldo enseñaron a los chicos a hacer una masa con harina y luego formar una figura en grupo. La consigna era hacer un loro: cada niño recibía un trozo de masa para moldear una parte de la escultura en conjunto, con un tiempo determinado.
Los resultados fueron sorprendentes. De los tres grupos, solo uno logró completar la escultura colectiva, mientras que los demás trabajaron de manera individual y, lógicamente, no terminaron la tarea. Frente a esto, Nicasio los hizo reflexionar y les mostró la importancia del trabajo en equipo.
—Hay que confiar en los compañeros, porque todo es más sencillo y mucho mejor cuando repartimos el trabajo —concluyó el estudiante de Ingeniería Química.
Esa actividad marcaba el final de la primera hora y era tiempo de un recreo. Luego, en la segunda etapa, los chicos rotaron por las otras dos estaciones que aún no habían visitado.
Mientras el sol empezaba a caer sobre el centro de San Francisco, se cerraban las actividades del primer día de la Escuelita Tecnológica. A las 19:30, los padres regresaron a la Tecnoteca para buscar a sus hijos, quienes no paraban de contar todo lo que habían hecho en esas dos horas llenas de juegos, aprendizajes y nuevos amigos.
"Cada jornada, los chicos tienen la posibilidad de explorar distintas disciplinas, desde robótica y programación hasta impresión 3D y química interactiva"
Un espacio para aprender, jugar y compartir
La Escuelita Tecnológica de Verano, organizada en la Tecnoteca de San Francisco bajo la dirección de la Secretaría de Innovación municipal, se ha convertido en una experiencia clave para cientos de niños y adolescentes de la ciudad. Con un crecimiento significativo desde su primera edición en 2024, el programa de 2025 ya cuenta con más de 900 inscriptos y una propuesta pedagógica ampliada.
Micaela Mulassano, secretaria de Innovación de la Municipalidad de San Francisco, destacó el impacto y la evolución de la iniciativa: "Cuando asumí en diciembre de 2023, mi primer objetivo con la Tecnoteca fue que la gente viniera a conocer el espacio y utilizar sus recursos. Fue así como surgieron ideas para una actividad que atrajera a los chicos en el receso escolar, al igual que las escuelitas de verano en las piletas".
El programa se diseñó con la colaboración de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y se estructuró en estaciones temáticas, abordando diversas áreas tecnológicas. "El primer año lanzamos 240 cupos y en pocas horas se agotaron. Tuvimos que abrir nuevas inscripciones hasta alcanzar los 700 participantes en 2024. La demanda fue impresionante", señaló Mulassano.
Actividades y aprendizaje
La propuesta se organiza en ocho estaciones de trabajo donde los participantes rotan diariamente. "Cada jornada, los chicos tienen la posibilidad de explorar distintas disciplinas, desde robótica y programación hasta impresión 3D y química interactiva", explicó Mulassano. Además, enfatizó que la experiencia no solo ofrece conocimientos técnicos, sino que también fomenta valores como el trabajo en equipo y la integración social.
"No hay división por colegios ni por barrios. Los chicos se agrupan por edades en equipos de distintos colores, lo que fomenta la interacción entre niños de diferentes realidades. Algunos ya tienen acceso a la robótica en sus escuelas y otros no habían tenido contacto con estas tecnologías. Acá se complementan y aprenden unos de otros", resaltó.
Además, las actividades han sido diseñadas para estimular la creatividad de los participantes. "En la estación de impresión 3D, por ejemplo, los chicos crean sus propios diseños. Algunos hacen modelos relacionados con deportes, otros con moda o con temas que les apasionan. Esto les permite desarrollar habilidades artísticas y técnicas al mismo tiempo", agregó la funcionaria.
En la estación de química interactiva, los niños realizan experimentos para comprender los cambios de estado de la materia y otras propiedades científicas. "Es una experiencia que les permite ver, tocar y experimentar conceptos que muchas veces solo conocen en teoría", comentó Mulassano.
Otra de las estaciones que más entusiasmo genera es la de programación y videojuegos. "Aquí los chicos aprenden a programar de manera lúdica. Desarrollan pequeños juegos y comprenden la lógica detrás del código. Algunos llegan sin saber nada y terminan creando proyectos sorprendentes", destacó la funcionaria.
Un pilar fundamental
Las estaciones son coordinadas por estudiantes avanzados de la UTN. "Sin su participación, esto sería económicamente inviable para la ciudad", subrayó la funcionaria. "Ellos están en vacaciones y muchos están preparando exámenes, pero igual eligen ser parte de esto. La conexión que logran con los chicos es impresionante, y muchas veces les despiertan vocaciones para el futuro".
Mulassano también destacó que la curiosidad de los niños los lleva a preguntarles a los profesores sobre sus estudios y carreras. "Muchos chicos quieren saber qué hace un ingeniero químico, un ingeniero electrónico, cómo es estudiar en la universidad. Esto genera un impacto importante porque les abre la mente a nuevas posibilidades", afirmó.
Además, resaltó que el entusiasmo de los docentes y voluntarios es fundamental para la dinámica del programa. "No solo enseñan conocimientos técnicos, sino que también generan un ambiente de aprendizaje distendido y motivador. Muchos de ellos se sorprenden con el nivel de creatividad y curiosidad de los chicos", dijo Mulassano.
Crecimiento sostenido
Para 2025, la Escuelita Tecnológica de Verano duplicó su capacidad inicial, con 960 cupos disponibles, divididos en turnos semanales. "En el día de hoy, llevamos 900 inscripciones cubiertas y todavía quedan tres semanas de actividades", informó Mulassano.
El éxito del programa también impulsó su replicación en invierno. "El año pasado, durante las vacaciones de julio, ofrecimos 350 cupos en tres turnos durante dos semanas. Este año estamos evaluando sumar actividades para niños más pequeños, desde los cuatro años, con una propuesta adaptada a sus necesidades".
Mulassano destacó que la evolución del programa ha sido posible gracias al apoyo del municipio y la comunidad. "El intendente está muy comprometido con este tipo de iniciativas. Queremos seguir creciendo y mejorando la propuesta para que cada vez más chicos puedan participar", comentó.
Espacio de inclusión y desarrollo
La secretaria de Innovación destacó el rol del programa en la vida de los participantes: "Muchos chicos no tienen alternativas recreativas en el receso escolar. Acá encuentran un espacio donde pueden jugar, aprender y compartir. Los padres nos cuentan que en casa siguen hablando sobre lo que descubrieron aquí, desde cómo funcionan los robots hasta qué hace un ingeniero electrónico".
Mulassano enfatizó la importancia de brindar oportunidades equitativas para el acceso a la tecnología. "No todos los chicos tienen computadoras en casa o acceso a formación en robótica e informática. Este espacio les permite familiarizarse con herramientas que pueden ser clave en su futuro", afirmó.
Además, la funcionaria destacó que la Escuelita no solo combate la brecha digital, sino que también ayuda a reducir el aislamiento social que muchas veces genera el uso excesivo de pantallas y videojuegos. "Queremos que los chicos vean que la tecnología no es solo entretenimiento, sino una herramienta para crear, resolver problemas y mejorar su entorno", concluyó Mulassano.
Con una respuesta cada vez mayor por parte de la comunidad y el compromiso de las instituciones educativas, la Escuelita Tecnológica de Verano se posiciona como una de las iniciativas más innovadoras y valiosas para la educación y el desarrollo infantil en San Francisco. "Seguiremos trabajando para que cada vez más niños y jóvenes puedan acceder a este espacio de aprendizaje. La tecnología es el futuro, y queremos que todos tengan la oportunidad de ser parte de él", finalizó Mulassano.