Análisis
Un león empecinado en morderse la cola
La designación por decreto de los nuevos miembros de la Corte Suprema de Justicia ha deparado numerosas reacciones que continuarán haciendo ruido. Ejemplifica la fragilidad de las instituciones democráticas, la recurrente tentación de moldearlas en beneficio propio y la hipocresía del sistema político que es el que determina las instituciones económicas que tiene el país
Por Fernando Quaglia | LVSJ
El economista turco Daron Acemoglu y su colega británico James Robinson fueron galardonados el año pasado con el Premio Nobel de Economía. Recibieron esta distinción gracias a su exhaustivo trabajo titulado “Por qué fracasan los países”, en el que sostienen la tesis de que “el éxito económico de los países difiere debido a las diferencias entre sus instituciones, a las reglas que influyen en cómo funciona la economía y a los incentivos que motivan a las personas”. Complementan esta idea con una afirmación contundente: “Aunque las instituciones económicas sean críticas para establecer si un país es pobre o próspero, son la política y las instituciones políticas las que determinan las instituciones económicas que tiene un país”.
El libro contiene un capítulo dedicado caso argentino, en el que los autores señalan que las instituciones extractivas -aquellas que favorecen la concentración del poder- son las responsables de que la política sea “tan atractiva y parcial” a favor de líderes fuertes y personalistas, en lugar de ser “un sistema de partidos efectivo que produzca alternativas deseables desde el punto de vista social”.
En ese contexto, “las instituciones económicas luego se estructuran por esta élite para extraer los recursos del resto de la sociedad”. Es decir, se deposita la confianza en estos “hombres fuertes” porque “los demás políticos y partidos durante tanto tiempo no les han dado voz, no han proporcionado los servicios públicos más básicos, como carreteras y educación, ni los han protegido”.
Según el Índice de Calidad Institucional que cada año releva la ONG Relial (Red Liberal de América Latina, impulsada por la Fundación Fiedrich Naumann), la Argentina ocupa el puesto 109 de entre 190 países del mundo. En el ranking de la región, solo supera a El Salvador, Honduras, Cuba, Nicaragua y Venezuela. El informe que acompaña estos indicadores señala que la llegada a la presidencia de Javier Milei despertó expectativas de un “profundo cambio, sobre todo en el ámbito de las instituciones de mercado que es donde Argentina muestra su peor desempeño”. Sin embargo, advierte: “Existe la preocupación de que este proceso implique un deterioro de la calidad de las instituciones políticas”.
El reconocido jurista Carlos Santiago Nino, en su libro Un país al margen de la ley, explica que cuando se evaden los procedimientos constitucionales, se erosiona el sistema republicano y se debilita la confianza en las instituciones. En la misma línea, Germán Bidart Campos, en su tratado de Derecho Constitucional, advierte que “si se prescinde del Senado, la Corte deja de ser un órgano independiente y se convierte en un apéndice del Ejecutivo”, lo que socava el principio de separación de poderes.
Profundizando el deterioro
Los párrafos anteriores intentan describir algunas realidades e ideas que remiten a circunstancias históricas generadoras del tobogán institucional argentino. A pesar de las reformas impulsadas en las instituciones económicas, las prácticas políticas viciosas persisten.
La designación por decreto de los nuevos miembros de la Corte Suprema de Justicia es un claro ejemplo del deterioro de la calidad institucional. Si bien puede justificarse mediante una interpretación literal de un artículo de la Constitución, esta decisión viola el espíritu de la norma y refleja una postura en la que la ética está ausente en todos los frentes de la política.
Con una memoria frágil y tras haber vaciado de contenido el concepto de república durante sus gobiernos, el kirchnerismo-peronismo de repente se contagia de fervor republicano. Mientras tanto, con el fanatismo de los conversos, quienes hasta las elecciones del año pasado defendían con ahínco las instituciones, hoy se han convertido en “republicanos selectivos”, según la definición del periodista Daniel Santa Cruz: su postura varía según la identidad del líder de turno.
Sin haber podido desprenderse todavía del escándalo de la criptomoneda Libra, la designación por decreto de los miembros de la Corte Suprema ratifica la impresión de que el león está empecinado en morderse la cola.