Arquitectura
Lino, el moderno indeleble
El arquitecto Diego Gramoy analiza la obra arquitectónica de Rafael Machieraldo y pone en perspectiva el porqué de la trascendencia de las casas, edificios y espacios que Lino diseñó y que hoy son una muestra permanente de la capacidad profesional de un arquitecto que marcó, marca y marcará, un antes y un después en el paisaje de San Francisco.
Por Manuel Ruiz
El sábado 21 de diciembre de 2024 falleció Rafael Macchieraldo. Fue uno de los primeros arquitectos de la ciudad, cuando el siglo XX llegaba a la mitad y con más de 2000 obras en su carrera, fue el encargado de pensar y diseñar espacios y construcciones que son hitos en la arquitectura, la cultura y la historia de la ciudad.
A Lino se lo distinguió mucho, afortunadamente. Nosotros en este diario lo entrevistamos en un sinfín de veces y lo consultamos otro tanto. Era ese pedazo de historia vivo y lúcido que nos permitía conocer, entender el porqué de muchos edificios que a los sanfancisqueños nos parecieron, parecen y parecerán significativos. Por su calidad, perdurabilidad, belleza, estilo, disrupción.
El arquitecto sanfrancisqueño Diego Gramoy, junto a su socio del Estudio Furograma Diego Fusz, estudiaron mucho el trabajo de Macchieraldo porque fue uno de los fieles cultores del modernismo de Le Corbusier en la provincia junto a un grupo de arquitectos que por entonces decidieron plasmar los ejes conceptuales del movimiento nacido en Francia, en los rincones que habitaban. Lino, era, vivía y trabajaba en San Francisco.
“Lino, es un ejemplo concreto de la llegada del modernismo a nuestro país. Un tipo formado en la década del 50, cuando incluso ni siquiera existía la Facultad de Arquitectura, era una escuela de arquitectura. Esa generación de arquitectos provinciales trajo toda esta nueva visión de la arquitectura y del urbanismo propio de una concepción totalmente distinta al neoclásico que se venía usando. Ahí es donde él se forma”, comienza Gramoy el análisis de la obra de Macchieraldo.
“Lo interesante es que, en el caso de Lino, los primeros años del desarrollo profesional, que es cuando normalmente vos más tendés a hacer cualquier cosa, con tal de que te caiga algún laburo, el tipo tuvo la lucidez de decir, no, mira, yo creo que la arquitectura va por este lado, y lo que yo voy a ir haciendo, lo voy a conducir y lo voy a diseñar y lo voy a pensar desde ese punto de vista. Estético, conceptual, funcional, en todos los aspectos. Y se vuelve más quijotesco todavía, cuando vos lo analizas en el contexto de una ciudad de 40.000, 50.000 habitantes en el interior de la provincia de Córdoba, en el que obviamente se le hizo mucho más complejo poder transmitir esa forma de entender la arquitectura. Entonces, él fue usando un montón de vericuetos en los que iba, de alguna manera, llevando la visión de sus clientes hacia un escenario que no era el que el cliente originalmente hubiera pensado. En el caso de él, eso fue muy notorio, ejecutado en esa época, que era bastante complejo. Y a su vez, Lino lo llevó a escalas muy particulares, porque no es solamente la vivienda residencial, que podría haber sido lo más lógico, sino que tuvo la oportunidad de diseñar edificios de uso público. Él siempre decía que era un tema fortuito, pero evidentemente habrá habido mucho de sus capacidades personales también”.
El Paraboloide Hiperbólico
Una de las obras más importantes de Lino es el paraboloide hiperbólico ubicado sobre avenida Urquiza. Pensado inicialmente para una concesionaria de autos, la obra original nunca se llegó a terminar, pero quedó ese manto de forma rara, único en la ciudad que ahora otro grupo de arquitectos locales ha intervenido para construir un espacio comercial de la firma Córdoba Motos.
“Haber construido eso que él hizo ahí en avenida Urquiza es un tema muy loco, porque a su vez no solamente lo hizo como una forma rara, que es lo que la gente sintetiza, sino que es una expresión muy propia de un movimiento de la década de 40, 50, muy de Brasil, de México, lugares donde el brutalismo fue como mucho más notorio. Y él se vinculó con los hacedores de esa arquitectura, en el caso este, con Félix Candelas, el arquitecto ingeniero mexicano, al que él contactó vía carta y el cual le diseñó esa estructura paraboloide que se puede ver hoy. Y está hecha en San Francisco. Lo interesante es que la morfología que tiene este manto de hormigón era propia de las obras que hacía Candelas también, con lo cual era muy fácil para los dos ponerse de acuerdo. La parte superior de esa estructura, tiene un espesor de 5 centímetros, es un manto. Es una escultura hecha en base a hormigón que responden a un cálculo muy científico. O sea, no estamos hablando de algo intuitivo ni algo que está hecho de manera improvisada, sino que requiere de todo un estudio para poder hacerlo y que no se te caiga, pero eso lo vuelve maravilloso y lo vuelve único a nivel histórico”, resignifica Gramoy.
La Catedral
“La Catedral es un proceso que estuvo bueno porque en realidad ellos logran hacer algo que hoy sería muy difícil, que es reunir a los arquitectos que había en la ciudad, que eran cinco. La verdad que esos trabajos corporativos son mucho más nutritivos que sentarse uno solo en el estudio a diseñar, pero es mucho más difícil hacerlo. Lo interesante es que todos pudieron ponerse de acuerdo respecto a la impronta, al lenguaje modernista con el que plantearon encarar el edificio. Es un espacio muy particular, muy interesante para ver. Es una cuestión que está ligada con lo que yo te contaba antes de la relación de la arquitectura moderna con el ser humano. La iglesia, y en particular las iglesias católicas, lo que hacían era imponerte la presencia de Dios ante la pequeñez tuya como ser humano. El templo lo que tenía que imponer era respeto, admiración. Y vos como ser humano te tenías que sentir pequeño e ínfimo frente a eso. La arquitectura que tiene que ver con la escala humana, con los componentes propios de la vida humana, como puede ser la luz, la iluminación, la ventilación, a un espacio contenedor en el que vos te sentís parte de eso. Y si bien la Catedral tiene, por una cuestión de impronta, una escala monumental en términos de que es como un edificio institucional, cuando vos estás adentro te sentís en un espacio donde no es el edificio el que te asfixia, sino que es la luz la que te contiene”.
El arquitecto Macchieraldo
Rafael Macchieraldo era el arquitecto. Una institución. Gramoy dice que era un colega amable, bien predispuesto a compartir con cualquiera. A discutir, enseñar sin querer enseñar “Yo lo conocí como el arquitecto de moda. En la década del 80 era el arquitecto Macchieraldo. Y esa situación estaba ligada a la cantidad de cosas que hacía, a una cuestión de volumen de trabajo. Con los años, y después de haber estudiado arquitectura, de haber vivido en el exterior, y de haber vuelto a San Francisco, yo me reencuentro con un arquitecto que, en realidad marcado por su relevancia profesional, incluso a nivel urbano. O sea, es buenísimo e inédito que haya tenido 2.800 obras, pero yo creo que lo interesantísimo de Lino es que su desempeño profesional es mucho más relevante desde lo profundo, desde la arquitectura en términos conceptuales, desde lo que pudo materializar en términos de poder compartirle a un cliente otra forma de hacer las cosas y que ese cliente lo haya aceptado. Eso me parece mucho más relevante que su popularidad por cantidad de obras”.
“Dejó un legado eterno. Siempre vamos a estar haciendo referencia en algún punto o en algún momento a alguna obra que hizo el. Y era un tipo extremadamente generoso. Lo que vos le preguntaras, te lo compartía. Era un buen colega Y un apasionado. No hay forma de llegar a donde llegó él si no vivís la arquitectura de esa manera. No hay forma. En el caso de Lino, no solamente lo hizo bien, sino que a su vez está comprobado, no dicho por él ni por mí, sino por un montón de colegas que consideran lo mismo”.
Pero para Gramoy, Lino fue lo que fue. Es lo que es y será lo que será, por el proceso creativo y profesional que aplicaba para diseñar. Dice Gramoy que en las obras de Macchieraldo siempre hay sustancia, siempre hay un por qué. Hay contenido más allá de lo que se ve “En el caso de Lino a mí me parece que cuando él pudo hacer su obra más relevante lo hizo bajo esa condición de pensar mucho que hacer antes de hacer. Tenes que masticar las cosas, tenes que conceptualizar las cosas. La búsqueda. Tenes que tener claro cuál es el patrón que rige tu manera de obrar. Entonces vos decís, bueno, lo que yo estoy haciendo lo estoy haciendo porque tiene un fundamento concreto. Entonces si yo tengo que defender mi forma de hacer las cosas, lo puedo hacer con criterio. A mí me parece que el Lino tenía esa característica muy concreta. Y que es fácil de identificar. O sea, vos agarras diez obras de él y encontras ese hilo conductor, le encontras ese grado de profundidad, ese manejo de los instrumentos de la arquitectura. Yo bicicleteo todos los días la ciudad, veo la obra de Lino y para mí Lino está vivo ahí”.