Sociedad
La historia de la primera piscina en una casa de San Francisco
Se instaló en la década de 1920 en el chalé de la familia Lanfranchi, marcando el inicio de una tendencia que creció con el tiempo.
Las piscinas, esas estructuras de agua fresca y cloro que brindan alivio bajo el sol, tienen una larga historia que remonta sus orígenes a tiempos de las antiguas civilizaciones. Aunque las piscinas modernas se asocian principalmente con el ocio y la relajación, su historia está marcada por dos funciones fundamentales: el deporte y la higiene. Desde el Antiguo Egipto hasta la antigua Roma, las piscinas fueron lugares de encuentro y bienestar, reservados en muchos casos para las clases más altas de la sociedad.
Sin embargo, las piscinas no siempre fueron comunes en las casas privadas, ni mucho menos en la ciudad de San Francisco. Fue recién en la década de 1920 cuando se construyó la primera piscina privada en la ciudad, en un chalé que perteneció a la familia Lanfranchi, ubicado en calle Libertad al 800, en el barrio Sarmiento. Este chalé fue testigo de la instalación de la primera piscina privada en un patio interior de una vivienda sanfrancisqueña.
El chalé de Oreste Lanfranchi se encontraba en uno de los barrios más populares de San Francisco, hoy conocido por su actividad comercial y residencial. En esa época, contar con una piscina en casa era un lujo reservado para pocas familias. La piscina de la familia Lanfranchi, aunque modesta, marcó un hito en la historia de la ciudad, pues introdujo una práctica que con el tiempo se convertiría en parte fundamental del estilo de vida de muchas familias.
Posteriormente, otras familias adoptaron esta tendencia y comenzaron a instalar piscinas en sus propiedades. Un claro ejemplo de esto fue la quinta "Las Milka", que perteneció a Ricardo Tampieri y su familia. Esta quinta, que ocupaba gran parte de los terrenos donde hoy se erige el barrio homónimo en el sureste de la ciudad, se destacó por contar con amplias instalaciones, entre ellas, una piscina. La quinta "Las Milka" se convirtió en un espacio de recreación y esparcimiento para los miembros de la familia y sus allegados, y su historia permanece viva en la ciudad, especialmente en la casona que aún se conserva en la calle Liniers.
A lo largo de los años, las piscinas han dejado de ser un lujo exclusivo de unos pocos para convertirse en un elemento común en muchos hogares de San Francisco, aunque su origen como espacio de bienestar y entretenimiento sigue siendo una parte esencial de su historia. Hoy, las piscinas no solo son el centro de reuniones sociales y actividades familiares, sino también un símbolo de la evolución urbana y cultural de la ciudad.
Pioneras en los clubes
En San Francisco, la primera pileta social se construyó en el Sport Automóvil Club en la década del 30. La piscina, de 16,50 metros de ancho por 33 de largo, se inauguró el 3 de febrero de 1937, siendo una de las pocas de su tipo en el país en ese entonces. Posteriormente, la Asociación Fábrica Militar, en los años 40, y clubes como San Isidro y Sportivo Belgrano y asociaciones como Unión Eléctrica también instalaron piscinas.
Récord de piletas
A medida que las temperaturas aumentan, las piscinas se vuelven cada vez más comunes en San Francisco, superando a las de ciudades costeras donde la cercanía al agua natural reduce la necesidad de piscinas privadas. La proliferación de piletas es notable, aunque es difícil obtener una cifra exacta. Desde la Dirección General de Catastro, no se pudo acceder a datos específicos, ya que muchas piscinas no se declaran como metros construidos. En Córdoba, en 2023, había 95.805 piscinas instaladas. En San Francisco, la firma Indusplast instala un promedio récord de 150 piletas anuales, un "gran número" según la empresa, que destaca el crecimiento continuo de la demanda.