Del archivo
La gran catástrofe automovilística de 1921 en la región
Una carrera organizada por Tiro y Gimnasia en caminos zonales, tuvo dramáticas consecuencias.
Por Arturo A. Bienedell
El 9 de julio de 1921 se corrió por caminos rurales una competencia que costó la vida de dos participantes de Rafaela: Pedro Vittori, piloto de 32 años y Carlos Desani, acompañante, de 23 años. Fue patrocinada y a beneficio de la Asociación Tiro y Gimnasia, con un recorrido de cinco vueltas de 64 kilómetros en circuito que unía San Francisco, Plaza San Francisco, Devoto y otra vez nuestra ciudad, para totalizar 320 kilómetros.
Una publicación de Faustino Giménez, titulada “La Gran Catástrofe Automovilística. Hecho ocurrido en San Francisco”, conservada en el Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco y la Región, da cuenta detallada de esa tragedia.
Se anotaron 14 automóviles, pero como el número 10 abandonó antes de la largada, el auto “Juniors” de Vittori lo hizo en el puesto 13, a pesar de tener el número 14. Según Giménez “entonces fue cuando la silueta de la muerte parecía dibujarse sobre ese coche y de entre el gentío allí aglomerado se sentía una que otra voz que murmuraba ‘el 13 que parte, la muerte los acompaña’ o ‘el 13 significa peligro’. Y a las 10.24 partieron hacia su destino”.
Los rafaelinos habían llegado el día antes con numerosas fallas en el motor. Lo hicieron a bordo del mismo vehículo de carrera. Se les sugirió que no compitan, pero insistieron y recurrieron a la ayuda de otros volantes de Rafaela: Oberdán, Félix y Juan Piovano quienes le dieron asistencia y trabajaron hasta las 2 de la mañana.
Cuando desde el taller donde trabajaron iban hacia el hotel a descansar, Giménez relata que “encontraron en el trayecto un carrito que conducía un cajón fúnebre. El más ocurrente, Juan Piovano, se dirigió a su camarada Vittori y le dijo: “ese cajón será para vos mañana”, a lo que ambos se pusieron a reír de la ocurrencia.
La tragedia llegó cuando ya en carrera habían pasado Plaza San Francisco y Vittori trató de superar a E. Picasso en medio de una densa polvareda. “Cuando quiso costear a un lado del camino para esquivar la tierra, la fatalidad quiso que en ese sitio se encontraran dos pilas de ladrillos colocados para construir una alcantarilla; se estrellaron y Picasso siguió porque ignoró lo que había ocurrido ni lo vio por el polvo que cubría el lugar”.
Un colono que tenía casa a 150 metros del camino advirtió la catástrofe recién cuando se disipó la visión. “Se apoderó de mí un escalofrío, mi cuerpo temblaba”, dijo luego y agregó que logró que Juan Piovano que venía en carrera se detuviera y les diera auxilio. Mientras Juan hizo eso, Oberdán salió hacia Devoto, el punto más cercano para buscar ayuda médica. En el trayecto halló un camioncito Ford e hizo que vaya a buscar a Desani, gravemente herido. Al costado del camino quedó el auto destrozado con Vittore fallecido.
Después en San Francisco, pese a la atención de los doctores Victorio Elkin, presidente del club organizador de la carrera, y Enrique J. Carrá, Desani falleció el 19 de julio.
La conmoción fue general en la región y llevó a que el autor Ernesto Chiarella con música de Miguel A. Cetta, ambos de Rafaela, compusieran un estilo criollo titulado “Eternamente”, homenaje póstumo a sus malogrados amigos.
Solo para la anécdota queda que la carrera fue ganada por Domingo Bussi, con un automóvil Case.