90º aniversario del Ipet 50
Jorge Tomé Seif: “Formamos personas íntegras y creativas"
La “escuela del trabajo” es un emblema de la formación técnica en San Francisco y la región. Con 90 años de historia, sigue apostando por la educación y la innovación. Su director es testimonio vivo de cómo esta institución marca el futuro de sus alumnos y de toda una comunidad.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
El Ipet N°50 Emilio F. Olmos de San Francisco celebra 90 años de trayectoria, consolidándose como un referente en la formación técnica de nuestra ciudad y la región. LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con su director, Jorge Tomé Seif, exalumno, docente y actual conductor de la institución, quien compartió su historia, reflexionó sobre el presente de la educación técnica y su impacto en el futuro.
- ¿Dónde estudió?
Realicé mi escuela primaria en la ENA (Escuela Normal Superior Nicolás Avellaneda), donde también cursé el jardín. Luego, en 1979, ingresé al Ipet N°50 Emilio F. Olmos para cursar el secundario.
- ¿Por qué decidió cambió?
Me crié en una marmolería, en un entorno industrial. Me pareció que la Escuela del Trabajo era la opción más apropiada para mí. Además, mi familia también me incentivó, diciéndome que allí encontraría mi camino.
- ¿Cómo se conformaba su familia?
Mis padres, Jorge y Carmen, y mis hermanas menores, Elizabeth y Carmen. Nuestra marmolería era un legado de mi abuelo materno y mi papá la heredó. Desde pequeño pasaba mis días allí, por lo que la orientación hacia el trabajo técnico fue natural.
- ¿Recuerda su primer día en la escuela?
Lo que más me impactó fue el doble turno. Nunca lo había experimentado y sentí que había vivido dos días en uno. Fue un cambio importante, pero pronto me acostumbré.
- ¿Y a nivel familiar, cómo se vivió?
Fue un orgullo para todos. En aquella época se rendía examen de ingreso, así que haber sido aceptado fue motivo de alegría. Personalmente, me sentía más maduro y con una gran responsabilidad.
- ¿Qué le dejó su etapa de secundario?
Principalmente, responsabilidad y autodisciplina. En un curso con muchos alumnos, cada uno debía hacerse cargo de su aprendizaje, averiguar, preguntar y moverse por sí mismo.
- ¿Cómo fue su experiencia en los talleres?
Intensa y enriquecedora. Eran jornadas completas de práctica, donde se formaban lazos muy especiales entre compañeros y docentes. Los maestros de taller eran como padres, guías en nuestro proceso de aprendizaje.
- Muchos exalumnos dicen que la escuela es una familia.
Así es. Aquí los profesores no solo enseñaban conocimientos, sino también valores de vida. Para mí, eso es imborrable.
- ¿Todavía mantiene contacto con sus compañeros?
Sí, a través de grupos de WhatsApp. Nos cuesta juntarnos, pero este aniversario seguro será un buen motivo para reencontrarnos.
-¿Qué decisión tomó al finalizar la secundaria?
Al terminar la secundaria, continué con una capacitación laboral a través de los cursos duales que en esa época administraba el Conet, hoy INET. Realicé esa formación en la Fábrica Militar y en la INET N1, que en aquel entonces llevaba ese nombre, durante dos años. Estos cursos, promovidos por el Conet con un fuerte respaldo de Alemania, buscaban dar mayor visibilidad a nivel nacional. Fue así que se establecieron becas para perfeccionarse en aquel país.
Yo sentí que era una oportunidad para mí, algo casi espiritual. Me esforcé mucho estudiando y trabajando. Al finalizar el curso, presenté mis antecedentes y, tras dos años de espera y algunos cambios en las decisiones educativas, se otorgó una única beca para todo el país. Tuve la suerte de ser el seleccionado.
-¿Viajó a Alemania como único representante del país?
Sí, allí continué con lo que hoy conocemos como pasantías o prácticas profesionales, pero en empresas alemanas. Estuve desde 1989 hasta 1991.
-¿En qué trabajó durante su estadía en Alemania?
Mi programa incluía rotaciones por varias empresas. Estuve tres meses en BMW, participando en el proyecto Prometheus sobre vehículos autónomos; luego trabajé en Velte Electric, especializada en tableros eléctricos; también pasé por Blaupunkt, fabricante de autoradios; y finalmente, en AEG, que desarrolla aparatos de automatización.
-¿Cómo manejó el idioma? El alemán es muy difícil...
Antes de incorporarnos a las fábricas, debíamos realizar un curso intensivo de alemán de ocho horas diarias. Afortunadamente, me preparé con anticipación gracias a la excelente profesora Elisa Bustos Bannert, quien me formó durante dos años, porque yo estaba convencido de que lo lograría.
- ¿Al finalizar la beca, regresó al país?
Sí, concluida la pasantía, volví a Argentina y tuve la suerte de conseguir trabajo de inmediato en esta escuela, como profesor.
-¿Y desde entonces nunca se alejó de la institución?
No, mi fecha de escalafón en la escuela data de octubre de 1991.
-¿Cómo fue regresar al colegio con toda esa experiencia?
Fui muy bien recibido por el director Juan José Giménez y también en la escuela Enet, donde tenía una gran amistad con el director Enzo Maldonado. Estoy profundamente agradecido a ambos por el trato que me brindaron a mi regreso.
En ese momento, sentía el corazón dividido, sin saber qué camino tomar. Finalmente, el destino quiso que surgieran horas de trabajo aquí y decidí quedarme. Sin embargo, siempre me sentí identificado con ambas instituciones.
-¿Qué enseñanza le dejó su formación?
En la Escuela del Trabajo me dejó la experiencia y la base para manejar las manos. Esto significa que puedo manejar una máquina, un torno, un soldador o las herramientas. Te va formando una impronta en la mente que te alista para resolver numerosas situaciones de problemas técnicos. Es difícil de describir porque vos vas asimilando con el paso de los años.
-¿Se sintió preparado para afrontar el desafío en Alemania?
Sí, varias veces los alemanes destacaron la excelente instrucción técnica que recibí en Argentina y mi buen nivel de alemán. Fue muy gratificante escuchar esos elogios en distintas fábricas.
-¿Pudo desarrollarse plenamente?
Totalmente. No tuve ningún inconveniente. Fue un honor participar en el proyecto Prometheus, una iniciativa pionera en vehículos autónomos desarrollada por BMW hace más de 30 años. Recuerdo que aquellos autos estaban repletos de cámaras y computadoras para intentar que se condujeran solos.
-Hoy esa tecnología ya está en el mercado...
Exactamente. Recuerdo que los ingenieros decían: "Ahora el baúl está lleno de computadoras, pero cuando la tecnología avance, esto será una realidad". Y así fue. Lo vi 30 años antes.
-¿Cómo fue su trayectoria en el Ipet 50?
Comencé como profesor y siempre valoré el apoyo de mis colegas. Me interesaba la visión del docente que debe transmitir conocimiento y despertar la curiosidad en los alumnos. Aprecio todo lo que compartimos, desde las reuniones formales hasta la pausa del recreo compartiendo un mate cocido.
-¿Desde cuándo está a cargo de la dirección?
Hace 12 años. Es una gran responsabilidad porque, junto con mis colegas y el personal, llevamos adelante la "gran maquinaria" que es la Escuela del Trabajo. Siempre me sentí respaldado por la inspectora Claudia Méndez, quien trabaja a la par con nosotros.
-¿Cómo influyó su experiencia previa en su gestión?
Al asumir, ya conocía los talleres y la dinámica de la institución, lo que facilitó mi labor. Esa experiencia me permite dar consejos a mis colegas y seguir participando en proyectos.
-¿Aún sigue involucrado en los proyectos estudiantiles?
Sí, me encanta. He participado en 17 Ferias de Ciencias y siempre conté con el apoyo de las autoridades, colegas, estudiantes y la cooperadora.
-¿Qué le motiva de estas iniciativas?
La energía y el entusiasmo de los estudiantes. Al principio, unos pocos se interesan, pero luego se involucra todo el curso. Esa es una gran satisfacción para cualquier docente.
-¿Cómo ve el rol de la tecnología en la educación actual?
Hoy en día, la tecnología nos brinda muchas facilidades, pero como cualquier avance, puede usarse tanto para sumar como para restar. Un aspecto clave es el acceso a la información, o mejor dicho, a los datos. Porque los datos, hasta que no son procesados y analizados, no se convierten en información útil. Por eso, lo importante es no descuidar la capacidad de pensar y reflexionar sobre lo que encontramos.
El cerebro humano, por naturaleza, tiende a buscar atajos. Por ejemplo, en las plazas se forman senderos diagonales porque la gente prefiere el camino más corto en lugar de bordear. Lo mismo sucede con el aprendizaje: si se tiene todo resuelto, la mente trabaja menos. Por eso, es fundamental que la educación tecnológica fomente el pensamiento crítico y la creatividad.
Aquí es donde radica la diferencia entre técnica y tecnología. La técnica es la repetición de un proceso establecido, como seguir una receta para hacer una pizza o fabricar una pieza de un engranaje. En cambio, la tecnología implica pensar cómo mejorar ese proceso, cómo innovar y crear algo nuevo.
El desafío es fomentar una educación que no solo enseñe a seguir instrucciones, sino que también estimule la innovación. Y si además logramos que esa innovación sea sostenible, protegiendo el planeta y pensando en las futuras generaciones, habremos alcanzado un verdadero progreso.
-¿Por qué la Escuela del Trabajo sigue siendo un referente tras 90 años?
Porque todavía sigue sacando gente que sabe usar las manos y formando personas íntegras y creativas. Es sencillo, nuestros alumnos son sumamente efectivos en donde van a trabajar.
Contamos con graduados que han seguido carreras brillantes en la medicina, la política y el sector industrial. Nuestro Parque Industrial está lleno de empresarios, gerentes y operarios formados en nuestras aulas. Y todos ellos tienen algo en común: saben usar sus manos con destreza y precisión.
-¿Qué significa para usted esta institución?
Bueno, a nivel familiar significó mucha resignación pero también mucho apoyo y acompañamiento por parte de ellos. Porque cuando decís sí a un lado decís no a otro lado, hay que tener mucho cuidado con eso. Bueno, tuve el gusto y el honor de que mis tres hijos pasaron por acá y también mis sobrinos.
Ha sido parte fundamental de mi vida y de mi familia. Esta escuela marcó un antes y un después en mi trayectoria profesional y personal.