Historias
Hace un siglo, este diario incorporaba la “octava maravilla del mundo”
En enero de 1925, hace 100 años, LA VOZ DE SAN JUSTO anunció la incorporación de la linotipia a sus talleres gráficos, un avance tecnológico que revolucionó la industria de la impresión.
“La reciente instalación de nuestros talleres gráficos, simultánea casi a la preparación del primer ejemplar que se editó allí, habrán sido motivo, quizás, para que se deslizaran algunos errores, a pesar de nuestra voluntad. Si así fuera, es de esperar que nuestros amables lectores y avisadoras sepan disimular esta pequeña contrariedad, asegurándoles de nuestra parte que ello se subsanará en los próximos números”. Con esta advertencia, LA VOZ DE SAN JUSTO, todavía semanario, anunciaba en enero de 1925 –hace un siglo-, el comienzo de la impresión de sus ejemplares en su propio taller gráfico.
Se habían deslizado errores en la composición de las distintas páginas, debido a que el personal estaba “aprendiendo” a utilizar una tecnología que, hasta finales de los años 80 del siglo pasado, se mantuvo vigente y era esencial para la impresión de cada una de las ediciones del diario.
A LA VOZ DE SAN JUSTO habían llegado las linotipos.
“Nuestros talleres hoy están montados con lo que exige la última palabra de la industria gráfica. Cuentan con las máquinas más modernas y perfectas. Al decidirnos a dar tan importante paso, no hemos reparado en obstáculo alguno y cábenos por ello la satisfacción de asegurar a nuestros lectores el mejor cumplimiento de nuestras obligaciones hacia con ellos”, señalaba aquella edición de hace cien años.
A página entera, el diario expresaba que “en la instalación de los talleres gráficos no ahorramos esfuerzos, a fin de dotarlos de los elementos más modernos que las artes gráficas exigen”. Una gran fotografía –el “cliché”, en la jerga de la imprenta- mostraba “a una de nuestras máquinas: la Intertype, moderna linotipo que ocupa un lugar prominente en la rápida composición y que suple con admirable perfección y rapidez la labor de muchos obreros del tipo”.
Avance tecnológico de excepción
Aquellas máquinas que comenzaron a funcionar en este diario hace 100 años fueron básicas en la industria de las artes gráficas desde finales del siglo XIX hasta los años 70, cuando fue sustituida en gran medida por la impresión offset y la composición electrónica.
El nombre de la máquina proviene del hecho de que produce una línea completa de texto de una vez, lo que representó una mejora significativa respecto al proceso manual anterior, en el cual la composición tipográfica se realizaba letra por letra.
El mecanismo consistía en teclear el texto a componer (una línea) en el teclado del frontal de la máquina. Se accionaba el dispositivo para que se formase una línea de metal fundido y se proseguía con la línea siguiente, obteniendo al final una página formada de líneas individuales.
Se trataba, en efecto, de una maravilla de la ingeniería que permitía a un operador sentado frente a un teclado de 90 teclas colocar rápidamente letras y espacios en una línea uniforme. Luego, a partir de un depósito de plomo fundido a 288 grados Celsius, la máquina moldeaba las líneas de tipo con el ancho deseado y las ordenaba para su uso en una prensa.
La linotipia aceleró la producción de la tipografía y generó la mayor revolución de la impresión y la comunicación desde que Gutenberg inventara la imprenta de tipos móviles alrededor de 1440.
El inventor
El 3 de julio de 1886, pocos meses antes de que Iturraspe fundara San Francisco, la invención del alemán Ottmar Mergenthaler se utilizó por primera vez para componer parte de la edición de ese día del periódico New York Tribune.
Ottmar Mergenthaler , nació en Hachtel, Wurttemberg, Alemania, el 11 de mayo de 1854. Emigró a los Estados Unidos en 1872 después de pasar cuatro años como aprendiz de relojero en Alemania.
Al establecerse en la ciudad de Baltimore, Mergenthaler comenzó a trabajar en un taller de máquinas, donde conoció a James Clephane, un conocido impresor y taquígrafo que había participado en el desarrollo de la máquina de escribir.
Clephane descubrió que la máquina de escribir le permitía convertir páginas escritas a mano en escritura mecanografiada, pero necesitaba una forma mejor de hacer múltiples copias.
Un artículo publicado por la Sociedad Americana de Ingenieros Mecánicos explica cómo en 1876 Clephane llevó una máquina de este tipo, diseñada por otro inventor, Charles Moore, a Mergenthaler con la esperanza de poder hacerla funcionar.
Le llevó 10 años crear un modelo completamente funcional, pero lo que finalmente construyó fue llamado por Thomas Edison “la octava maravilla del mundo”.
Hace un siglo, LA VOZ DE SAN JUSTO, incorporaba esa maquinaria a la impresión de sus ejemplares. Durante más de 6 décadas, las linotipos formaron parte del paisaje habitual de este medio que acaba de cumplir 110 años de existencia.