Análisis
Diversión nocturna y menores de edad
La vida y la salud de los jóvenes deben estar en el centro de las decisiones y acciones relacionadas con la diversión nocturna, tanto en San Francisco como en la región.
En un operativo de control, personal de la Dirección de Seguridad Vial de la municipalidad de San Francisco detuvo un ómnibus en la intersección de calle México y avenida Maipú, constatando que transportaba un número de pasajeros superior al permitido, entre ellos varios menores de edad. Se informó también que se secuestraron bebidas alcohólicas en el interior del rodado. Ante esta situación, “se solicitó la intervención de la Central de Monitoreo, personal policial y la Guardia Local, además de tomar contacto con la jueza de Faltas, quien estableció los procedimientos a seguir”.
El episodio generó una fuerte reacción en redes sociales, cuya dinámica polarizadora se encendió durante varios días, con comentarios y entredichos sobre distintos aspectos del control, incluyendo la posible presencia de alcohol en el ómnibus y la legalidad del operativo. También se discutió sobre el cumplimiento de la normativa vigente y las competencias de las fuerzas intervinientes, entre otros aspectos.
Por cierto, se trata de temas que deben ser convenientemente esclarecidos. Pero en ellos subyace una problemática compleja que afecta a una porción importante de nuestros jóvenes: la falta de espacios seguros para que los menores de edad puedan divertirse bajo un marco que los proteja y, más profundo todavía, el amparo que la comunidad en su conjunto debe promover para garantizar el bienestar de los jóvenes, especialmente en un contexto donde el delito, las adicciones y otros riesgos están presentes en la vida nocturna.
El traslado de adolescentes hacia localidades de la región para asistir a distintos lugares de diversión nocturna no es un fenómeno nuevo. Durante generaciones, esta práctica ha sido habitual, pero en muchos casos se ha realizado sin las condiciones adecuadas. Existen antecedentes en los que se constataba fácilmente que las condiciones en las que se emprendía viaje no eran las adecuadas. Determinadas situaciones lamentables, algunas con saldo doloroso, lo que subraya la necesidad de un mayor control y responsabilidad en estos desplazamientos.
En este punto, un aspecto clave es el rol de los padres. En casos, por desconocimiento o desidia. En otros, por la propia rebeldía adolescente. Un aspecto clave es la participación de los padres. En algunos casos, no se cuenta con su autorización, ya sea por desconocimiento, desinterés o por la propia rebeldía de los adolescentes. A esto se suma el consumo de alcohol, que incrementa los riesgos, incluso cuando los conductores de los vehículos cumplen con las normativas de tránsito. Además, muchos jóvenes optan por viajar en vehículos particulares, lo que aumenta aún más los peligros.
En definitiva, el debate central debe enfocarse en la protección y seguridad de los menores de edad. Este aspecto debe ser prioritario por encima de cualquier otra discusión. La vida y la salud de los jóvenes deben estar en el centro de las decisiones y acciones relacionadas con la diversión nocturna, tanto en San Francisco como en el resto de la región.