Historias
De las plazas al Festival de la Buena Mesa
El vendedor de copos de azúcar, Omar Luque, cumplió uno de sus grandes objetivos, tener un lugar en el evento más importante de la ciudad. Después de mucho esfuerzo consiguió un espacio dentro del predio de la Sociedad Rural.
Omar Luque, conocido por su presencia en las plazas de San Francisco, es un referente de los copos de azúcar durante 30 años. Su historia es la de un hombre que encontró en la venta ambulante su modo de vida y su sostén. "Hace 30 años que vendo en la calle, comenzó de casualidad. Yo me dedicaba a otra cosa, pero por una ex pareja que tenía, comencé a vender copos de azúcar en la plaza. ", relató Omar con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Omar, que trabaja entre miércoles y domingo, recorriendo desde la Plaza Vélez Sarsfield hasta la Plaza Cívica, también se acerca a las afueras de los colegios y allí vende sus copos de azúcar.
Pero este fin de semana, Omar alcanza un nuevo logro en su carrera como vendedor ambulante: la oportunidad de estar presente en el Festival del Humor, la Buena Mesa y la Canción, el evento más importante de la ciudad. "Nunca podía entrar porque pero ahora se amplió, entraron los food trucks y todo. Así que, con unos amigos nos pusimos de socios y alquilamos un espacio", explicó Omar, con entusiasmo.
Este logro, que representa su primera participación en el evento, fue posible gracias al apoyo de un amigo que lo invitó a compartir los gastos. "Fuimos a la reunión con la municipalidad y por suerte salió todo bien. Gracias a Dios, estoy trabajando y tengo esta oportunidad", relató. Para él, esta oportunidad no es solo una nueva forma de llegar a más personas, sino también un símbolo de perseverancia.
El vendedor de copos de azúcar se ha acostumbrado a atender grandes eventos, como cumpleaños y noches en confiterías. Sin embargo, el Festival es un paso más en su camino, un nuevo desafío al que se enfrenta con optimismo. "La venta está medio floja ahora, pero creo que cuando terminen de cenar, se va a vender bien", comentó.
Omar Luque, un hombre que encontró en el dulce oficio de vender copos de azúcar un modo de vida, demuestra que con esfuerzo y perseverancia, los grandes objetivos pueden hacerse realidad.