Historias
"Carnaval sin edad”: el baile como celebración de la vida en Brinkmann
El Taller de Ritmos Latinos del Centro de Jubilados participó el pasado fin de semana en los carnavales de esa ciudad. En su pasada por el corsódromo, las alumnas desafiaron los estereotipos y fomentaron la alegría a través del baile.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Desde el 2017, Luciana “Luli” Panero está a cargo del Taller de Ritmos Latinos en el Centro de Jubilados de Brinkmann, un espacio que ha crecido hasta convertirse en un referente de actividad física y recreación para los adultos mayores. "Nosotros pertenecemos al Centro de Jubilados, que brinda distintos talleres como ajedrez, memoria, folclore y actividad física", explicó la profesora. La única condición para participar es estar afiliado al centro, lo que permite a muchas personas sumarse y disfrutar de la propuesta.
El grupo, conformado por alrededor de 25 mujeres de 60 años en adelante, se reúne semanalmente en los galpones del ferrocarril, donde ensayan coreografías con energía y entusiasmo. "Antes de la pandemia teníamos dos encuentros semanales, ahora solo uno, pero le sacamos jugo a esa horita", destacó Panero.
La posibilidad de presentarse en eventos surgió a partir de los encuentros intercentros, donde distintos grupos de jubilados muestran sus actividades. "Nos preparamos para los intercentros y la gente se recopó con nuestra presentación", recordó la profesora. El impacto fue tal que comenzaron a recibir invitaciones para participar en espectáculos y eventos municipales, llevando su energía y pasión a diferentes escenarios.
El salto a los carnavales
La llegada del grupo a los carnavales de Brinkmann se dio casi por casualidad. Panero, además de ser profesora, participa en una comparsa local, y hace dos años surgieron conversaciones sobre la posibilidad de que su grupo se sumara a la fiesta. "La idea original era que hiciéramos un show en un lugar fijo, pero yo malinterpreté la consigna y armé coreografías en avance", confesó entre risas. El resultado fue un éxito rotundo: "La gente explotó de entusiasmo y nos ovacionó".
Desde entonces, su participación en los carnavales quedó establecida como un evento fijo en la agenda del taller. "Terminamos el año en noviembre, descansamos en diciembre y en enero arrancamos con los ensayos para el carnaval", detalló Panero. Además, el grupo decidió uniformarse, reforzando su identidad y sentido de pertenencia.
Bailar sin límites
Más allá de las coreografías y los eventos, el taller tiene un mensaje claro: desafiar la idea de que a cierta edad hay que quedarse en casa. "Queremos borrar ese mito de que el adulto mayor ya no puede hacer cosas, de que el viejo tiene que quedarse quieto", enfatizó Panero.
El impacto del grupo es innegable. "La gente nos ve y se sorprende, porque mostramos que a cualquier edad se puede disfrutar, moverse y participar de la vida social", concluyó la profesora. Su presencia en los carnavales es un recordatorio de que la alegría y la pasión por el baile no tienen límites de edad.
Otra familia
María Alicia, de 64 años, ha encontrado en el taller de ritmos latinos un espacio fundamental en su vida. A pesar de convivir con el Parkinson, para ella las clases de baile son "sagradas". Criada en el campo y con años de trabajo en una residencia de adultos mayores, María Alicia ahora se dedica a disfrutar de su tiempo y cuidar de sí misma. Destacó la conexión especial con su profesora Luciana y sus compañeras, quienes se han convertido en una segunda familia. La reciente participación en los carnavales fue una experiencia inolvidable para ella. "La otra noche me parecía que estaba viviendo un sueño. Bailar así, para la gente, fue algo muy lindo", contó emocionada. Recibir el cariño y los saludos del público la llenó de alegría y reafirmó su amor por esta actividad.
“Te mantiene en actividad”
Esmeralda, de 71 años, es una de las alumnas con más trayectoria en el taller. Su historia es la de una mujer que siempre estuvo dispuesta a ayudar y colaborar en lo que hiciera falta. Aunque anteriormente solo había participado en eventos escolares de sus hijos, encontró en el baile una pasión renovada. "El baile no solo mejora la salud, sino que también te mantiene en actividad y eso es impagable", aseguró. Para ella, el mayor regalo de este espacio es la posibilidad de socializar con sus compañeras. Sus hijas la apoyan incondicionalmente, animándola a seguir haciendo lo que le gusta. "Me siguen y me apoyan, y eso me da más fuerzas para continuar", afirmó con una sonrisa.
“Me sacó la vergüenza”
Patricia, de 59 años, es la más joven del grupo y lleva cuatro años participando en el taller. Sin embargo, hasta hace poco, la vergüenza le impedía disfrutar completamente de esta experiencia. "El sábado fue la primera vez que bailé sin importar nada. Solo quería bailar y pasarla bien", confesó. El taller le ha permitido superar sus miedos y compartir momentos inolvidables con sus amigas. "Aquí no importa quién baila mejor o peor, venimos a disfrutar", enfatizó. Además, destaca el impacto positivo en su confianza y su energía diaria. La reacción de sus vecinos y conocidos tras verla bailar en los carnavales fue sumamente positiva. "Todos estaban orgullosos, no solo de mí, sino del grupo en general", contó con emoción. Patricia alienta a quienes aún tienen dudas a animarse: "Se trata de disfrutar de la vida y aprovechar cada momento".
"Nos olvidamos de las molestias y los dolores"
Rosa, de 75 años, suele ser una de las más calladas del grupo, pero cuando habla, sus palabras resuenan en todas sus compañeras. "Es obvio que tenemos nuestros problemas de salud, pero aquí no venimos a quejarnos. Esto lo hacemos porque nos gusta, porque nos hace bien", expresó con convicción. Para ella, el taller es un espacio de bienestar, donde el compartir con otras personas permite olvidar las molestias y los dolores por un rato. "La pasamos tan lindo que todo lo demás queda en segundo plano", afirma. Su mensaje es claro: invita a más personas a sumarse, asegurando que es una actividad sumamente beneficiosa, especialmente para la salud.
Actitud positiva
Silvia, de 65 años, es docente jubilada y la mamá de "Luli", la profesora del taller. Desde que comenzó a participar, descubrió en este grupo un ambiente de energía y motivación que la impulsa a seguir adelante. "Si le pones actitud positiva, vas a lograr todo lo que te propongas", aseguró. Aunque cada una de las integrantes tiene sus propias dificultades y preocupaciones, el baile les permite desconectar por un rato y reencontrarse con el disfrute. "Cuando venimos acá, es una hora en la que nos distendemos y nos sentimos bien. Después volvemos a casa y los problemas siguen, pero al menos nos hemos dado un respiro", reflexionó. Para Silvia, este espacio es fundamental para cuidarse a una misma y afrontar la vida con otra perspectiva. "Siempre con actitud positiva", concluyó con entusiasmo.
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